General

Entrevista a Sebastian Gray

Creo que vale la pena guardar esta entrevista, que el Presidente del Colegio de Arquitectos de Chile ha dado al portal Archdaily. Para muestra, unos excelentes recortes;

“…Un arquitecto debe tener un fundamento ético y la ética es también una filosofía económica y política”

“…El arquitecto debe ser un garante de la economía, la eficiencia y de la sostenibilidad”

“Sobre el exceso de arquitectos… y la desigualdad de la formación profesional…. existe responsabilidad del Estado, que se ha adscrito a un régimen económico en que cualquiera hace lo que quiere…”

“…Al arquitecto lo hacen tres disciplinas; una es el dibujo, si hay un arquitecto que se titula siendo un mediocre dibujante por favor que se dedique a otra cosa, lo segundo es un conocimiento de la historia de la humanidad, que lea, que sea una persona medianamente culta y que se forme -sería la tercera condición- una opinión política del mundo, porque no hay arquitecto sin posición política por el simple hecho que el arquitecto opera en la ciudad y la ciudad es el gran laboratorio político de toda sociedad. Las consecuencias de sus obras (cuando tiene la suerte de hacer obras de envergadura) conllevan una responsabilidad política.”

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Entrevista a Lucien Kroll: “Es más importante ser contemporáneo que moderno”

Por Carlos Verdaguer
Valencia (España), julio de 1998 [1].

Adalid de la participación de los usuarios en el diseño y pionero en el uso del ordenador en el estudio, el arquitecto belga Lucien Kroll ha sido uno de los invitados al congreso La arquitectura y las ciudades en el siglo XXI celebrado en Valencia a principios de julio.
Organizado por la UNESCO y la Fundación Valencia III Milenio, el encuentro ha coincidido con la inauguración del recién terminado Palacio de Congresos de Norman Foster. Paralelamente al evento, en el que también han intervenido como ponentes el propio Foster, Dominique Perrault, Ricardo Porro, Itsuko Hasegawa, Carlos Ferrater, Antonio Cruz y Eduardo Mangada, entre otros, se ha organizado una exposición de maquetas originales de los 13 edificios más representativos de la última mitad de siglo.Casi todos los temas recurrentes en el debate arquitectónico actual han encontrado su hueco en el programa y tal vez ha sido precisamente esta voluntad casi ecuménica la que ha bloqueado un debate que, habida cuenta la diversidad de tendencias entre los participantes, se prometía más animado.
En todo caso, no es a Lucien Kroll (Bruselas, 1927) a quien se puede culpar de esta falsa armonía. Convencido del valor enriquecedor de la polémica, comenzó su intervención felicitando a Foster por “este magnífico edificio del siglo XIX“, donde se estaba celebrando la conferencia.

Pregunta. Imagino que es usted consciente de que seguir defendiendo la participación es ir contra corriente.

Respuesta. Sí, es cierto. Sin embargo, yo no voy a contracorriente más que de los arquitectos, son ellos quienes van a contracorriente de todo el mundo… Y no son más que un escaso millón en todo el planeta. ¿Qué importancia tienen más allá de la corporativa?
A este respecto, me parece admirable que se haya decretado en este congreso que existían trece monumentos: se trata de un sufragio universal basado en los metros cuadrados de cuatricromía, supongo. Las verdaderas obras maestras serían tal vez las ciudades espontáneas de Pakistán o de México, que, en sus circunstancias dramáticas, han conseguido crear una armonía extraordinaria a base de capacidad de adaptación. En cualquier caso, yo no sé nada con total seguridad… Lo único que puedo elucidar de la arquitectura llamada moderna es que ya empieza a pudrirse un poco: está a punto de perecer, hay que transformarla urgentemente. Por supuesto, siempre se la puede modificar añadiéndole un poco de cosmética posmoderna o de cualquier otro estilo. Esto es ya mucho mejor que esas grandes máquinas que se utilizan y desechan a la misma velocidad y que nadie ha llegado a amar realmente, ni siquiera los arquitectos que las han diseñado y que no las han habitado nunca. Se la puede cambiar disfrazándola de arquitectura antigua, de falso romano o de falso griego y hay veces que incluso queda muy bonita y conmovedora. Al fin y al cabo, León Krier es un magnífico dibujante… También se puede recurrir a la cosmética Walt Disney, lo cual puede ser ciertamente una enseñanza de gran utilidad en arquitectura.
¿Y Gehry? Sí, posee “virtudes de arquitectura” realmente notables, por mucho que esté poco vinculado, poco imbuido del paisaje geográfico o cultural, poco en connivencia con lo vivido localmente, pero su arquitectura es muy bella.
Sin embargo, yo sigo creyendo que acercándose a las personas, estando con ellas (sin considerarnos diferentes de ellos), entendiéndolas, escuchándolas (no hace falta ni siquiera preguntarles, pues nunca les cuesta hablar), se aprende mucho, a condición de ponerse en “estado receptivo”, pues se trata de entenderles y comprenderles honestamente, y no de oir sólo lo que se quiere oir… Y si se consiguieran captar las formas personales de habitar y se aprendiera a organizarlas respetándolas como si se tratara de una cultura infinitamente preciosa, se encontrarían formas y arquitecturas nuevas y auténticas. Es así como pueden llegar a realizarse proyectos de arquitectura coherentes pero más complejos de lo que el ego del arquitecto oficial desea…
Porque la “gente” no es una masa informe, limitada de por sí, se trata más de un movimiento que de un grupo cerrado. Reacciona de forma viva, al contrario que los esquemas estériles y abstractos que nos vemos obligados a inventar para darnos importancia. Utilizando como elemento de composición esta diversidad, tal vez consigamos que lentamente se cree un verdadero tejido urbano. En caso contrario, sólo podemos aspirar a crear aparcamientos de lujo…
Espontáneamente, la complejidad se convierte en expresión indispensable de la diversidad: la repetición distraída de elementos muertos es algo criminal. Podemos combatirla con todos los instrumentos técnicos, económicos y racionales recientemente desarrollados. Y además, no cuesta nada.
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Ralph Erskine: la llama no se extingue

Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas
Madrid (España), abril de 2005.

No cabe mejor constatación sobre el autismo que aqueja desde hace décadas al mundo de la élite mediática arquitectónica que el hecho de que Ralph Erskine haya muerto el 16 de marzo pasado a los 91 años sin haber recibido el Premio Pritzker, supuestamente el más prestigioso al que haya podido aspirar nunca un arquitecto vivo. Un premio joven, por cierto, creado en 1979 cuando Erskine ya había demostrado con creces ser una de las figuras más interesantes de la arquitectura del siglo XX. Claro que tal vez sea precisamente su manifiesta ceguera ocasional lo que coloca por fin al Pritzker a la altura de sus hermanos mayores en otras lides como son el Nobel y el Oscar, ya tópicamente famosos por los estruendosos olvidos que han ido minando paulatinamente su fatigoso prestigio. Por otra parte, se puede decir también que a la élite arquitectónica le ocurre cada vez más como al finado Juan Pablo II en estos tiempos descreídos: casi todo el mundo católico reconocía su autoridad y su carisma, especialmente los jóvenes congregantes, pero sólo los más incautos de ellos se sentían inclinados a seguir a pie juntillas sus rancios preceptos sexuales, en este caso estéticos. (más…)