claves para Arquitectos

El maestro guarnicionero. Adolf Loos

Érase una vez un maestro guarnicionero, un maestro hábil y bueno. Hacía sillas de montar con una forma tal que en nada recordaban a las de pasados siglos. Ni a las turcas o japonesas.

Es decir, sillas de montar modernas. Pero él no lo sabía. Sólo sabía que hacía sillas de montar. Tan bien como le era posible.

Llegó a la ciudad un curioso movimiento. Se llamaba Secession.

Pedía que sólo se produjeran artículos de consumo modernos.

Cuando el maestro guarnicionero oyó esto, cogió una de sus mejores sillas y se fue con ella a ver a un dirigente de la Secession.

Y le dijo: «Señor profesor —ya que el hombre interpelado lo era, pues los dirigentes de este movimiento fueron nombrados enseguida profesores—, ¡señor profesor!, he oído hablar de sus Pretensiones. Yo también soy un hombre moderno. A mí también me gustaría trabajar de acuerdo con lo que es moderno. Dígame usted: esta silla de montar, ¿es moderna

El catedrático observó la silla y dirigió al maestro un largo discurso del que solamente distinguió las palabras arte y artesanía, individualidad, moderna, Hermann Bahr Ruskin, artes aplicadas, etc., etc. Pero el resultado fue: No, esta silla no es una silla de montar moderna.

El maestro se marchó de allí avergonzado. Y pensó, trabajó, y volvió a pensar. Pero a pesar de que se esforzaba mucho en cumplir las pretensiones del profesor sacaba siempre el mismo Modelo de silla de montar.

Afligido, se fue otra vez a ver al profesor. Le contó su pena.

El profesor observó los intentos que había realizado el maestro y le dijo: «Querido maestro, usted no tiene fantasía“. Sí, sí, era esto. Evidentemente, él no tenía fantasía. ¡Fantasía! Pero no sabía que en la actualidad fuera precisa para hacer sillas de montar.

Si la hubiese tenido, seguramente se habría hecho pintor o escultor. Escritor o compositor. Pero el profesor le dijo: «Venga mañana otra vez. Estamos aquí para fomentar la industria y fecundarla con ideas nuevas. Quiero ver lo que puede hacerse por usted».

Y en su clase, propuso el siguiente concurso: Un proyecto de silla de montar.

Al día siguiente, llegó el maestro guarnicionero.

El profesor pudo enseñarle 49 proyectos de sillas de. Montar. Sólo tenía 44 alumnos, pero cinco proyectos los había hecho él. Tenían que pasar a estudio por su interés. Durante largo rato miró el maestro los dibujos y sus ojos se iban aclarando cada vez más. Luego dijo: «Señor profesor, si yo supiera tan poco de cabalgar, de caballos, de la piel y del trabajo de ésta como ellos, también tendría fantasía».

Y vive feliz y contento.

Y hace sillas de montar, ¿modernas?

Lo ignora. Sillas de montar.

En ornamento y delito. Colección Arquitectura y Critica. G. G.
Segunda edición. 1980. Barcelona, España. Pág. 90.

A los estudiantes de arquitectura de la Universidad de Valparaíso (Pablo Mondragón – 1981)

La suspensión del examen de un Proyecto de Título durante su realización, la suspensión del juicio por parte del tribunal y la exigencia de complementarlo con un estudio relativo a su realización material, ha provocado, en los más ávidos estudiantes de esta Escuela, el nacimiento de dudas e inquietudes. 0 mejor dicho, las ha reanimado, ya que no son otras que el preguntarse por su propia razón de ser, por el sentido de ser estudiantes de arquitectura. Y dudas e inquietudes generan inseguridad, incluso temores. (más…)

Los entendidos

Lo que a continuación se plantea, es para entablar e iniciar un dialogo abierto, tanto con arquitectos como con estudiantes

Vamos a hablar de los arquitectos o de aquello que los arquitectos debieran tener presente

ESCRITO ARQ. ALBERTO CRUZ C., Los Entendidos

“Hay que señalar que los arquitectos ejercen su profesión en base a ciertos entendidos, entendidos que son comunes a todos los arquitectos:

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Entrevista a Peter Zumthor

La presente es una entrevista realizada al gran arquitecto Peter Zumthor, publicada por Espacio Alfa, en la que explica su particular visión fenomenológica para concebir la forma arquitectónica como un hecho construido. Al margen de cualquier juicio estético de su obra, es valioso rescatar la “actitud dignificante” con la que se aproxima a la concreción material de su arquitectura, absolutamente directa, clara y contundente. 

Unos grandes bloques.
Piedra.

Estratos horizontales, finas líneas comprimidas.

Mis pies descalzos.
Piedra.
Masa.
Hasta la luz.

Dos finas líneas caían desde el techo hasta el
Agua.
Vapor.
Calor.
Descanso.

Cerré la revista, y la foto desapareció.
De mi vista, no de mi alma.

No pretende el presente ensayo otra cosa que la de ser un acercamiento a la obra y pensamiento de Peter Zumthor: materialidad, construcción, lugar, recuerdo, presencia, unidad, sensación, espacio…
En su concepción, resulta tan importante el texto como las imágenes que lo acompañan. No se busca pensar, sino sentir, sea a través de la palabra o de la imagen.

“Si piensas sobre algo conscientemente puedes comenzar a analizarlo,
pero si sientes algo, es un pensamiento instantáneo”

(Peter Zumthor)

La forma dialogada en que se desarrolla, y las descripciones de los espacios en él contenidas son sólo producto de la imaginación, a través de sus escritos y las fotografías de su obra. Es, por tanto, una tosca aproximación, a falta de la sensación real. En sus propias palabras: “El edificio está allí, puedes visitarlo.”

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