Un Monstruo se sentó en la ciudad – Arquitecto Renato Vivaldi Tesser

Habìa terminado hacìa poco la Ley de Puerto Libre para Chiloé. Eran los años sesenta.

El gobierno central promulgò entonces la Ley 889 que bonificaba las construcciones e inversiones con un 25% de su valor. Era el 1975. Como el valor de la construcciòn en Chiloé era menor que el establecido por los paràmetros gobernativos, aquel porcentaje resultaba mucho mayor y, en el caso de la autoconstrucciòn (la mayorìa de los casos) significaba una bonificaciòn de casi el 100% de la habitaciòn.

En el caso de las demàs inversiones, se presentaban facturas abultadas y el juego estaba hecho: el 25% correspondìa a casi toda la inversiòn real. Camiones, vehìculos, maquinaria… operaciones llevadas a cabo en gran parte por personas de afuera de Chiloé a tavés de prestanombres locales. Resultado: una marea de chilotes presos por fraude.

En los ochenta llegaron las pesqueras. ¿Trabajo para todos? Un cambio màs bien: de trabajadores independientes (pescadores, campesinos) a asalariados. Con un precio ambiental que ninguno imaginò. ¿Quien lo pone en la cuenta?

Desde que Chiloé fue tierra de castigo para los malos funcionarios pùblicos hasta hoy, muy poco ha cambiado. Al menos en las espectativas de un cambio real y duradero en sus habitantes. Todo pasa, poco queda.

Sin embargo, en contraposiciòn a esta mirada “desde arriba”, paternal, que legisla sin considerar las particularidades de un territorio archipiélago, que ofrece mercaderìas extranjeras, platita contante y trabajo asalariado, otra mirada comienza a hacer visible la cultura del lugar. Mùsicos, escritores, poetas y arquitectos reconocìan en el territorio insular una pulsiòn propia digna de ser respetada y no avasallada por miopes propuestas gobernativas.

En arquitectura, el sacerdote arquitecto Gabriel Guarda comenzò reconociendo las iglesias de Chiloé como Monumento Nacional; en los sesenta Emilio Duhart, proyectista de las Hosterìas de Castro y Ancud demostrò que era posible hacer arquitectura contemporànea teniendo como punto de partida las condiciones locales; en los setenta, la Universidad de Chile hizo un gran trabajo de revalorizaciòn de la arquitectura en madera del archipiélago. Por primera vez se daba valor a la arquitectura doméstica y al tejido urbano construido en madera. Contemporàneamente, con el Taller Puertazul comenzamos a proyectar una nueva arquitectura en madera para Chiloé. Dàbamos valor a lo que llamamos la “cultura de la madera”, que es mucho màs que un material de construcciòn. Nuevamente mùsicos, poetas y estudiosos estuvieron presente. Hoy, Chiloé se identifica en aquella mirada contracorriente, màs que en los despojos del puerto libre, de la Ley 889, ni en lo que dejaron las pesqueras fugitivas cuando constataron el daño ambiental que habìan causado y que el negocio se les escapaba de las manos.

Demasiado fàcil llegar amparados por leyes incompletas, ineficaces, incapaces de crear sostenibilidad econòmica y menos aùn, sostenibilidad ambiental y social. Llegar, usar, abusar e irse dejando todo botado cuando las papas queman. Hoy dirìamos que eran proyectos sin proyecciòn, no sostenibles.

En los setenta, con el Taller Puertazul escribimos la “Carta por Chiloé”, presentada a la 2ª Bienal de Arquitectura de Chile y publicada en varias revistas especializadas. Defendìamos una identidad propia para el archipiélago. Un punto de partida para hacer propuestas que duraran en el tiempo, nacidas de sus propias potencialidades

Durante màs de treinta años se ha ido consolidando una mirada que surgiendo “desde abajo”, desde lo local, desde su propia cultura, ha producido efectos positivos, de los que todo chilote debe estar orgulloso. Se ha reconocido en aquella cultura un valor. La arquitectura en madera del archipiélago (històrica y contemporànea) es parte de programas de estudio en facultades de arquitectura del continente; la arquitectura chilota ha sido incorporada a pleno derecho entre las arquitecturas en madera del planeta; la UNESCO ha reconocido su arquitectura religiosa, ya declarada Monumento Nacional, como patrimonio de la humanidad; se ha creado un museo de arte contemporàneo y otros museos de la cultura chilota; se ha desarrollado un “slow tourism” interesado en la expresiòn cultural de ese territorio insular, superando distancias y dificultades objetivas para el viajero que llega desde los centros emisores de turismo nacional e internacional.

En la construcciòn de esa mirada no hemos estado ausentes. Independientemente del hecho de ser o no ser chilote. ¿Cuàndo se es chilote? Una mirada que quiere ver crecer a Chiloé con sus propios medios, sostenible, haciéndose cargo de su territorio, de su gastronomìa, de sus estructuras productivas, porque detràs de cada una de estas expresiones està el habitante de Chiloé.

Es uno de los motivos que me inducen a escribir esta 2ª “Carta por Chiloé”. Una “Carta por Castro” esta vez. La construcciòn de este “Monstruo” echa por tierra màs de treinta años de trabajo, de reflexiòn, de esfuerzos institucionales y privados por crear un desarrollo sostenible del territorio. Un desarrollo que no dependa sòlo de leyes màs o menos paternalistas que, al final, benefician a quien las promulga y no al habitante de Chiloé. Este edificio representa aquella mirada que ve el territorio sòlo como una ocasiòn, como una disponibilidad. En este caso, una ocasiòn comercial. Se ha “sentado” textualmente, en un tejido urbano construido por sus habitantes , valorizado en todo el mundo por su delicadeza para establecer una relaciòn con el entorno, con el paisaje.

El “fuoriscala” del Monstruo Sentado habla de arrogancia frente a la preexistencia, pero también grita la impunidad de que goza un modelo de desarrollo del territorio que piensa en sacar sòlo sus propias cuentas sin importarle el contexto.

Suponiendo que hacer compras en un edificio de estas caracterìsticas sea una necesidad imperiosa de los castreños, que un centro comercial sea una necesidad para evitar largos y agotadores viajes a Puerto Montt (antes se iba a Santiago), creo que la ciudad ha sacado mal sus cuentas. Poner algo quitando lo que se tiene es como vender las propiedades de familia: se obtiene dinero, pero se pierde un bien. En este caso, ubicar el edificio – Monstruo – Sentado en el casco històrico de la ciudad es haberle quitado esa delicadeza, alterando esa escala con que se ha relacionado el hombre con su paisaje. Aunque ese haya sido un terreno vacìo o en ese terreno hayan existido “dos o tres casas”, como se argumenta. Si un centro comercial era necesario, habìa que construirlo en un lugar en que su escala fuese adecuada al entorno. Alguien deberà hacerse responsable de esta decisiòn.

El impacto en el tràfico lo podràn evaluar los residentes de las àreas aledañas y del centro mismo de la ciudad. Es sabido.

Son cuestiones técnicas relativamente fàciles de evaluar, pero que en este caso, parece que representaron problemas insuperables. De hecho, el edificio està ubicado en un lugar técnicamente equivocado. La gran cantidad de estacionamientos propuestos indica una fuerte presencia de automòbiles. El automòbil permite desplazarse de un lugar a otro con una cierta facilidad y en poco tiempo. Un silogismo elemental: si al centro comercial se llegarà en vehìculo, poco importa que su ubicaciòn diste algunos metros y evitar asì el mayor problema que pone este edificio en relaciòn al contexto: su cambio de escala.

Distante del centro, accesible en vehìculo, el Monstruo serìa sòlo un Monstruo. Ya no un Monstruo Sentado, irrespetuosamente. Su existencia no le habrìa quitado algo de eso que ha hecho visible a Chiloé en todas partes: su escala, su delicada relaciòn con el paisaje, la cultura de la madera, etc. Como construir un Monstruo Sentado en Venecia.

Este edificio sintetiza todas aquellas medidas, leyes y “ayudas” que sòlo han hecho invisible a Chiloé. Con la diferencia que esta vez su presencia se ha materializado en medio de un tejido cultural que se ha ido consolidando durante un par de siglos, dañando irreversible y prepotentemente un trabajo realizado por habitantes del archipiélago y no (no tiene importancia) del que no muchos lugares en Chile se pueden honorar.

Quienes defienden el Monstruo Sentado “en ese lugar”, con “esa mole” ¿saben que la condiciòn de Patrimonio de la Humanidad que otorga la UNESCO se puede perder si no subsisten las condiciones por las que el monumento fue declarado como tal? ¿Qué tal si nos quedamos con un mall màs y con un Patrimonio de la Humanidad menos?

Vivo en Italia, en Roma. A nadie se le ocurrirìa sentar un Monstruo al lado del Coliseo o de la basìlica de San Pietro, aunque se han construido grandes centros comerciales. En la periferia, perfectamente accesibles en vehìculo. Probablemente los romanos no viven del Coliseo ni de San Pietro asì como los castreños no viven de la Iglesia ni de los Palafitos, pero destruir lo que se tiene y que proporciona visibilidad positiva, identidad y fuente de trabajo es suicida.

Esta “Carta por Castro” la escribo desde un gran estupor. Estupor por saber dònde estaban las autoridades que permitieron esta presencia sin preveer sus efectos colaterales. Estupor por la prensa y los profesionales locales que han hecho pùblico este hecho sòlo cuando el Monstruo ya estaba sentado. Estupor por la impunidad de la que gozan algunos empresarios para instalarse en ciertos contextos arrasando con lo que ahì existe, imponiendo sus condiciones asimétricamente, sin equivalencia de fuerzas por el otro lado.

Si Castro desea mantener un “modo” de estar en el mundo, apreciado por el mundo entero, si quiere mantener  la condiciòn de Patrimonio de la Humanidad de uno de sus edificios  màs significativos, si quiere ser respetuoso del trabajo de tanta gente que ha dedicado sus vidas a reconocer en “ese” lugar condiciones de vida adecuadas a”esa” realidad y no formas de vida impuestas desde lo alto, si quiere contar con un buen centro comercial que les evite hacer un largo viaje para adquirir algunos bienes, entonces que exija la demoliciòn total del edificio en ese lugar y su traslado fuera del casco urbano.

En caso contrario, Castro pasarà de ser un lugar ùnico por su relaciòn con el paisaje y su cultura, a un lugar màs, soporte de una operaciòn mercantil avasalladora, irrespetuosa y banal. Como en cualquier lugar banal del mundo.

Fàcil decirlo, difìcil hacerlo, se dirà. Pero es màs fàcil construir un edificio equivocado y demolerlo que construir y luego demoler una ciudad que se ha ido construyendo en el tiempo.

Arquitecto Renato Vivaldi Tesser

Nota: Para evitar esa odiosa divisiòn que a veces surge cuando se tratan temas locales, deseo aclarar que no he nacido en Chiloé. He vivido y trabajado en Chiloé por varios años y tengo familia chilota. Reflexionar sobre un lugar es irrelevante si se hace desde adentro o desde afuera, sobre todo si esa realidad pertenece a los castreños, pero también a todos los chilenos y, una parte de ella, a toda la Humanidad.

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2 comments

  1. Emocionantes palabras.

    Vivimos con mi marido, desde hace 4 años en Castro, huyendo de la locura santiaguina y disfrutando de esta Isla maravillosa.

    Qué acertado lo del “MONSTRUO SENTADO”. Confiamos de todo corazón que sea demolido y que los chilotes entiendan el daño que se está haciendo

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