Topogénesis Fundamentos de una nueva arquitectura

Prólogo de Pierre Pellegrino a la primera edición en francés (i) del libro de Josep Muntañola Thornberg

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                                       diagrama 1

La aparición de este libro de Josep Muntañola ha seguido casi inmediatamente a la obra de Alexandre Lagopoulos Urbanisme et semiotique, y con ello he querido dar una orientación precisa y valiosa a esta colección de libros sobre las “Formas”, que yo dirijo. Estos dos autores han tratado, de manera original y cada uno a partir de sus propias ideas, la forma y el sentido del espacio desde una perspectiva semiológica, abriendo camino hacia un análisis que en el caso de Josep Muntañola, no es solamente un análisis lógico, sino estético y ético.

Este libro trata de la génesis de los lugares, y de una arquitectura que no se limita a los efectos superficiales, sino que diseña en profundidad una poética del habitar. Muntañola, discípulo de Lewis Mumford, ha convertido el pesimismo de su maestro en un optimismo de vanguardia, mostrando cómo con una aproximación topogenética la humanidad puede reencontrar el sentido profundo del lugar y, a través de una arquitectura del territorio, descubrir el respeto por el medio ambiente en el que vive. Se trata, pues, de una modernidad nueva, dialógica, porque acepta medir la alteridad de su proyecto con la continuidad de la tradición.

Para Muntañola, subrayando de este modo la base ética en la concepción del mundo, la lógica va de la palabra como argumento al tipo como clase:  se trata de una palabra que atraviesa el límite entre el “yo” y el “otro”, no solamente desconstruyendo los argumentos preconcebidos y las clasificacionesa priori, sino coconstruyendo, en el diálogo, nuevos razonamientos, usando nuevas clasificaciones que se adapten y que expresen las diferencias entre los diversos sujetos de este diálogo. Inscribiéndose en una moral, con principios éticos, se reconoce el “otro”, sus costumbres y sus hábitos.

Muntañola encuentra su optimismo en una poética de la arquitectura en la que la lógica del proyecto no se desprende de sus dimensiones éticas. Pero él demuestra también como, viendo en la realidad una unión entre proyecto y conocimiento, la poética de la arquitectura atraviesa el laberinto entre imaginación y sensación, dando forma a una estética. La deconstrucción poética presupone un saber: el saber analizado, troceado, pero la poética, mediante una lectura fina de las diferencias, trabaja el sentido común, el lugar común de las clasificaciones y de los tipos, y bajo los efectos de una retórica del “hacer ver”, persuade de verosimilitud de otra manera de ver.

El análisis deconstruye y solamente deja ver los trozos: hay que recomponer estos trozos para que logren tener sentido en un todo “arquitecturado”. Para conseguirlo, la poética de la arquitectura va hasta el origen del lenguaje del espacio, y abate el eje paradigmático de las clases del uso local, sobre el eje sintagmático de los argumentos arquitectónicos, produciendo isotopías sorprendentes; el proyecto es síntesis. El conjunto arquitectónico encuentra en este abatimiento entre ejes la motivación de las medidas que el proyecto da al objeto, y la razón de ser de la articulación de sus partes en un todo.

El conjunto arquitectónico es recibido de este modo por aquellos a los que está destinado, como interioridad con sentido, en especial con el sentido de “abrigo”. Si existe comunicación entre el que hace la obra de arquitectura y el que la recibe, la arquitectura se convierte en un proceso a través del cual los destinatarios de la obra buscan la interioridad de un lugar, y donde estos mismos destinatarios encuentran en los límites de esta interioridad las medidas que dan unidad al lugar habitado. Los destinatarios conciben estas medidas como una cierta “atmósfera” que pueden inferir en el uso cotidiano del entorno construido, hasta llegar a ser útil en la vida de cada día.

Los intereses de unos y otros se regulan por ley. Sus conflictos tienen que ver con la posesión del lugar y con la imagen de un entorno domesticado. Se regulan por juicios, en los que se expresa la ética de cada uno. Muntañola nos recuerda que la ley articula el lenguaje como lógica interna del ser, como argumento de su identidad; y que ella articula también el lugar como lógica externa, como relación de alteridad inscrita en un territorio.

Pero la poética arquitectónica va en contra de ciertos usos, no se conforma con producir un receptáculo adecuado a los usos en curso, no desea reproducir un entorno, sino transformarlo, para que aumente así su sentido hacia los usuarios. Por tanto, se trata de proponer otra ética, al menos parcialmente otra: a través de figuras, intenta, retóricamente, indicar el salto entre el proyecto y lo existente.

Existe, pues, una reinterpretación de lo existente desde el proyecto, una necesidad de ruptura, no solamente para redescubir lo que existe, sino para inscribir en la realidad una nueva perspectiva de futuro. Si nada es dado y todo se construye, el futuro no nos sería dado por el presente. El espíritu que busca, necesita construir una articulación capaz de transmitir un significado, a la vez, de comienzo y de duración, tal como sucede con el entrecruzamiento de un plano y una traza.

Sin embargo la historia de un lugar y el proyecto que lo toma como sitio, no tienen la misma temporalidad. Aunque acaba por inscribirse en la historia, el proyecto es un salto adelante que se confronta con un lugar que no le esperaba; al menos no le esperaba bajo la forma de una creación. Hay pues intertextualidad entre traza y proyecto, y redescripción poética de la traza por el proyecto.

Por todo ello, Muntañola se muestra contrario con una arquitectura monológica, hecha gracias a la ausencia del cuerpo del otro, y busca los fundamentos de una dialogía entre texto y contexto. El contexto es para el texto el lugar de la dialogía, está formado por otros textos que contienen imágenes de un entorno distinto y concebido desde otros lugares. El cuerpo del otro recibe las imágenes a través del interior del edificio según su transparencia con respecto al exterior. Estas imágenes valoran lo que puede estar presente en el interior; la forma envolvente del edificio es una interfase.

Pero el otro tiene, él mismo, una ausencia, alternando con su presencia. Lugar de anclaje y volumen aislado, un edificio es un espacio hecho por efectos contradictorios, con los que la presencia nos abruma y llena, y la ausencia produce un vacío.

No se trata solamente de la clasificación de espacios y usos, sino del hecho que para ser vivo, un lugar necesita ser animado, pero el equilibrio dinámico debe dar justicia al orden y a la soledad y no sólo al desorden y a lo ilimitado.

El lugar está definido por Aristóteles como la primera envolvente inmóvil, abrigando cuerpos que pueden desplazarse y emplazarse en él. El lugar es una envolvente lógica en tanto en cuanto contenga un orden racional. Es ético en cuanto debe abrigar los usos tanto de los unos como de los otros. Y, finalmente, en una envoltura estética en cuanto remite a un más allá imaginario. Límite en acto, el lugar es distinto de su contenido; pero está, no obstante, en resonancia con él, puesto que lo agrupa y exterioriza la forma con que lo agrupa, todo al mismo tiempo.

El lugar edificado implica una lógica. Los objetos se ordenan en él racionalmente, de manera que el uso de un objeto no impida el uso del otro, y porque la distancia práctica entre ambos se minimaliza. El uso de los objetos proyecta tiempo en el espacio, y así éste se condensa o se expande según los ritmos de la vida, la de unos y la de otros.

Lugar, o tiempo depositado en el espacio, el edificio arquitectónico se convierte en un instrumento de medida de la intensidad de ser.

El lugar construido presupone una ética, por que sin ella no existiría ninguna solidaridad entre lo que envuelve y lo que está envuelto. Los valores del desplazamiento dislocan la solidaridad entre lacoherencia local que se logra gracias al hábito, el espacio de referencia del deseo y el espacio del objeto de la acción. Algunas reglas son necesarias a fin de que los itinerarios efímeros no produzcan catástrofes inesperadas y súbitas. Las modas no tienen la profundidad de las costumbres, ni su duración.

La estructuración de los usos supone una ética de las lógicas espaciales, porque sin principios integradores, la apropiación del espacio conlleva una lógica de exclusión. Sin ninguna lógica basada en valores éticos las posesiones de unos se amplifican sin freno en detrimento de las posesiones de los otros, que acaban por pertenecer a un sistema espacial completamente excluido. Por el contrario, cuando el lugar, gracias a su ética, se convierte en enlace, pone de manifiesto valores significativos para todos; se convierte en soporte de un intercambio social simbólico, mediante el cual, lo mismo en “el otro”, se respeta y se percibe, al igual que “el otro” en lo mismo.

El lugar nos muestra una estética porque, como instrumento de medida, es sensible a los cambios de uso, a los destellos desmesurados de los objetos que recibe y las sacudidas de una realidad que desplaza los seres que lo habitan. Al dar un lugar a la vida, el espacio arquitectónico se interpone entre los objetos y los sujetos; filtrando la cascada interminable de sensaciones, abre la mente a espacios de silencios propios de la ensoñación. La figura del edifico es una máscara que deja entrever al ser, como una plenitud que se presiente desde el pensamiento.

El ser entero no puede mostrarse. Existen reglas de uso que regulan las maneras de cómo el ser puede mostrarse, porque son como emblemas del ser. Existe, pues, una ética de la estética que predetermina lo que se considera normal. El desplazamiento del cuerpo, no obstante, trastoca estos lenguajes y estas normas. La ética de la estética da la medida a estos posibles desplazamientos. Un objeto encastado en su lugar, inmóvil, no tiene propiamente lugar. Y así el lugar sin espacio es un lugar fijo entre sus propios límites.

En la relación del cuerpo con el espacio, el edificio no es el único lugar arquitectónico. Todo el contexto es arquitectura. Mediante la implantación de un edificio como texto, su contexto se transforma en co-texto. Si existe intertextualidad, entonces el contexto no estará sin solución de continuidad en relación con lo que agrupa y contiene, sino que estará en contigüidad; el entorno de los edificios, su contexto, no se confunde con sus paredes exteriores. Yendo del texto al contexto, se produce un proceso de encajonamientos sucesivos.

¿Cuáles son las relaciones entre el topos, o envolventes sucesivas, y el choros, o límite al caos amorfo ilimitado? El topos se implanta en un lugar de inclusión y de encajonamiento. Otros espacios, por tanto, cabalgan entre este encajonamiento sin identificarse con él. Algunos se configuran en espacios de exclusión, en los márgenes, otros construyen intersecciones entre las envolventes inmóviles. Las particiones de cada espacio se disocian y se superponen a otros espacios, marcándolos. Entre todos ellos aparecen espacios relativos a escalas múltiples.

Las particiones del espacio son el producto de un espacio que espacializa, de una arquitectura que,al articular lo físico y lo geométrico, construye sistemas de referencia que escapan a cualquier límite localmente concebido. Los lugares relativos son la envoltura inmóvil de porciones de espacio material, espacializadas por figuras arquitectónicas que ellas mismas forman parte de espacios espacializantes, formas puras y lugares de referencia que no ocupan ningún cuerpo.

En la dialogía de las articulaciones espaciales, los lugares relativos, al acoger la complejidad de los desplazamientos, no están ellos mismos en movimiento. Pero se abren a través de un proceso de información desde una fragmentación de la globalidad, en la que cualquier fragmento está interrelacionado con los demás. Existe pues una estética de las estructuras envolventes y una retórica de la acción que las atraviesa. Cuando la persuasión logra poner en duda el caparazón global que recubre los lugares, provoca una transformación, invalida la clasificación de usos y adopta otro sistema de clasificación.

Objetivos del libro

Este libro, dedicado a Lewis Mumford desaparecido recientemente [ii], es una tentativa de síntesis de la significación de la topogénesis, o sea del estudio de la construcción de lugares para vivir.

Ya hace años que analizo las teorías sobre la construcción de lugares, sobre todo, desde un punto de vista arquitectónico [iii]. El diagrama 1 contiene el esquema de estos análisis que siguen el pensamiento occidental en su conjunto.

 Aún cuanto he dividido mi análisis en tres síntesis parciales sucesivas: la estética, la ética y la lógica, no hay que olvidar la globalidad de la topogénesis como expresión de la vida humana completa, en la que las barreras entre estética, ética y ciencia son siempre fluctuantes y están siempre sujetas a una reflexión crítica.

Así el libro empieza con una reflexión filosófica sobre el cuerpo, el lugar y la historia, y acabacon una reflexión utópica proponiendo una modernidad específica, o un relato histórico preciso, bajo forma de un “proyecto arquitectónico”.

Las ilustraciones también traspasan cualquier frontera entre estética, ética y lógica, fronteras que son desgraciadamente necesarias para pensar el lugar.

Antes de empezar hay que hacer unas precisiones importantes:

Primero, desde la topogenética las distinciones entre arquitectura y urbanismo son muy poco útiles. Como decía Hegel, un lugar nos lleva a todos los otros lugares posibles. Si en la planificación el lugar no se ve afectado entonces es efectivamente algo alejado de la arquitectura y no-topogenética. Pero a menudo la planificación incluye aspectos de predeterminación del lugar, con lo que se equipara a un nivel topogenético.

En segundo lugar, es cierto que las profesiones involucradas en la topogenética son muchas, y que la profesión de arquitectura es solamente una de ellas. Sin embargo, es la que históricamente ha relacionado con mayor profundidad objeto, sociedad y territorio por lo que me oriento especialmente hacia ella, aunque siempre desde una perspectiva abierta e interdisciplinaria. No es por casualidad que cada lugar exige una interdisciplinariedad diferente, como veremos.

Finalmente, analizamos objetos para ver el hombre a su través. Al revés del teatro, la arquitectura descubre el argumento en el escenario y el lenguaje en el objeto. La topogénesis nace y muere con el lenguaje, pero no puede identificarse con él, como sugiere el pasaje bíblico de la Torre de Babel.

 

ARQUITEXT

Josep Muntañola Thornberg

Topogénesis

Fundamentos de una nueva arquitectura

EDICIONS UPC

Nota: La introducción del texto es de distribución gratuita de UPC Ediciones y puede descargarse desde http://www.edicionsupc.es/

 


[i] Anthropos, París, 1996 © los autores, 2000; © Edicions UPC, 2000

[ii] Conocí al ya entonces viejo profesor en el año 1963, cuando yo era un estudiante. Desde entonces mantuvimos una  orrespondencia regular. Espero que ahora que ya no existe pueda yo impulsar sus ideas sobre la importancia del espacio humano como cultura.

[iii] Ver La arquitectura como lugar. Edicions UPC, Barcelona, 1996. También Topogenesis-Uno. Topogénesis-Dos. Topogénesis-Tres. Oikos-Tau, Barcelona, 1980

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