¿En qué están hoy los arquitectos jóvenes?

He encontrado en la Revista CA este entretenido artículo del ex Rubéncastrino Álvaro Bizama, quien describe con gracia e ironía algunas situaciones de la cotidianidad del arquitecto joven. Lo interesante es meditar sobre dónde esta uno.

arquitectos_jovenes

¿En qué están hoy los arquitectos jóvenes?

1) Mirando el horizonte, donde sea que este termine.

2) Organizando fiestas electrónicas.

3) Comprando ropa.

4) Haciendo maquetas.

5) Juntándose para comprar bases de proyectos del Estado, municipalidades, intendencias, de lo que sea y, luego, perdiendo o ganando esos proyectos.

6) Escuchando música: lounge & dark & bossa nova & jazz & pop & folk & indie.

7) Diseñando objetos en el extraño límite entre la utilidad y el arte o , mejor dicho, la inutilidad y el arte.

8 ) Pensando en la Antártida.

9) Experimentando con drogas blandas importadas por internet.

10) Perdidos en Nueva York o en la idea de Nueva York; o en Brasilia o la idea de Brasilia.

11) Haciendo películas enfrascados en fotogramas como apuntes de historias; pienso en “Zamora Express” y “La perla del puerto” de Rodrigo Cepeda: las imágenes nocturnas de una ciudad desquiciada, el vértigo, la sangre, el ambiente torcido y enderezado una y otra vez, con música punk o triste de fondo. Pienso en “Arcana” de Cristóbal Vicente: la cárcel de Valparaíso como un enigma que resolver, un pedazo de memoria que contar, un laberinto donde perderse y encontrarse de nuevo.

12) Dejando la arquitectura como si la profesión fuera una estación de paso hacia alguna parte desconocida. Los ex arquitectos como una tribu secreta, los veteranos de una guerra que sólo ellos conocen.

13) Dejando la teoría y colocando las manos en la masa, poniéndole el cuerpo a la obra.

14) Practicando deportes extremos vestidos de un impecable look outdoor.

 15) Escribiendo poesía, mala poesía.

16) Teniendo sueños tórridos con el fantasma de Luciano Kulczewski.

17) Huyendo a Barcelona, huyendo de Barcelona.

18) Perdiendo o ganando tiempo en el SERVIU.

 19) Transando con políticos o caciques locales. Una historia: a un arquitecto joven le encargan una sede vecinal de una comuna X y la diseña. Es un modelo estándar y el arquitecto joven va a la comuna X a ver las condiciones del terreno. Va todo bien hasta que le muestra el proyecto al presidente de la junta. Al tipo no le gusta y, acto seguido, insulta al arquitecto. El arquitecto le dice que esas son las condiciones, que es lo que hay. El presidente de la junta de vecinos se refiere al alcalde por su nombre y saca su celular, y lo llama por teléfono. Se tutean, hablan como compadres, mencionan un asado en el que estuvieron hace poco. Yuntas. El arquitecto joven mira la escena con desazón. Siente impotencia. Siente pena. Siente rabia. De vuelta a su oficina lo espera su jefe, al que el alcalde ha llamado. El arquitecto joven escucha cómo lo reprenden y le ordenan que construya lo que el presidente de la junta de vecinos se le ocurre y que se deje de joder, y que comprenda cómo son en realidad las cosas. El arquitecto joven mira a su jefe y se da cuenta de cómo son en realidad las cosas.

20) Probando peinados nuevos.

 21) Poniendo lugares de moda.

22) Lamentando la muerte de la ciudad: la desaparición del barrio El Golf y el cine Las Lilas. La melancolía como el sentimiento secreto del arquitecto joven contemporáneo.

23) Buscando algo parecido a una identidad en medio de los croquis y los programas de computadoras, y las separaciones de las murallas miniaturizadas en las maquetas.

24) Comprando casas arruinadas por cuatro chauchas en barrios emergentes y convirtiéndolas en lofts: Brasil, Cerro Concepción, El Forestal. Los lofts como la imagen perfecta de la arquitectura joven chilena, de sus relaciones con la identidad y los modos en que enfrentan el espacio y la pega.

25) Volviéndose artistas: pintores, fotógrafos, escultores.

26) Luchando a como dé lugar contra el hecho y la tendencia a hacer arquitectura de catálogo.

27) De travesía: perdidos en Paraguay o Brasil o el sur. Arriba de lanchones y buses. Con resaca. Recuerdo lo que me contó un amigo: cómo llegó a una ciudad argentina sumergida. Algo había pasado y el pueblo había sido inundado, y su gracia era esa: había quedado bajo las aguas de tal modo que caminabas por las riberas y veías bajo el horizonte las sombras difusas de un pueblo fantasma bajo la laguna, una presencia espectral que era o que había sido un desastre, pero que estaba ahí como aquel museo con el que ciertos arquitectos jóvenes sueñan o tienen pesadillas: un paisaje ficticio imposible, secreto y, por qué no, magnífico.

 Álvaro Bizama

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11 comments

  1. – ofreciéndose por el mismo encargo (Y el mismo cliente),para trabajar por menos que al arquitecto joven que salió un año antes de la U y que luego de bastante esfuerzo a logrado (sobre)vivir de la Arquitectura…..

    – Ofreciendóse en un trabajo donde ya hay un arquitecto joven por menos plata
    o sea pediendo la ética, el compañerismo o como sea q se le diga en estos tiempos a ese concepto

  2. Lamentablemente es así. Ante la crisis, el peor enemigo del arquitecto es el mismo arquitecto. El sueño de ciudades mejores y de dignificación de la profesión ha muerto simplemente porque hay que comer.Ojo, te faltó; ofreciéndose gratis o por honorarios indignos, lo que se explica en un servicio no profesional y deficiente, o la explotación de dibujantes o estudiantes que hacen el trabajo gratis.

  3. hoy los jovenes , no son escuchado es por eso que estan las tribus callejeras , como los skeiters, los flogger aunque no nos demos cuenta ellos quiero decirnos algo, no desde la politica si no desde su lugar, aunque hay muchos que no quieren verla, o los mismo grafiteros de calles por que en ves de quedarse en su casa van a pintar su cuidad, por que ellos necesitan decirnos algo, que ellos estan ahi, lamentablemente los jovenes de hoy son los que mas sufren, y la cual la sociedad los deja a un lado si preocuparce de ellos…..

  4. Faltó ésta: tempranamente haciéndose un huequito docente a cambio de la pérdida de su sentido crítico (transformándose en esa nueva especie del “arquitecto” que no sabe del oficio pero que ningunea a los que pelan el ajo en él), integrándose como soldado al ejército mafioso de su facultad, cubriéndole las espaldas a los titulares jornada completa que bolichean en sus oficinas, a cambio de alguna participación ratona en algún proyecto, para sentir que aún son arquitectos……..

    1. Al no regular el mercado realmente la oferta profesional con respecto a la demanda de la sociedad, de arquitectos, aparece una aberración del sistema, que es la súper proliferación de escuelas de arquitectura y el engordamiento de los cuerpos docentes, que absorben en parte, la sobreoferta de profesionales. El mundo académico se convierte en un nicho exquisito y fértil para nuevos arquitectos sin experiencia que necesitan trabajar y así sigue creciendo viciosamente, alejándose cada vez más de la realidad. Me da la idea que es un problema estructural que trasciende incluso nuestra realidad nacional, más que la situación puntual de un determinado “ejército mafioso”.

  5. En lo personal, creo que el problema del rol del arquitecto esta cruzado pro algunos temas asociados al “emplazamiento” del ejercicio profesional en la sociedad. En este marco, destacan algunas constataciones preocupantes:

    1.- Poca capacidad de dialogo interdisciplinario. No tienen prsencia en ninguna red profesional (no estan legitimados entre pares). Un medico (por nombrar carrera clásica) trabaja usualmente con enfermeras, mutricionistas, psicologos, asistentes sociales, dentistas, funcioanrios administrativos, ademas de las diversas especialidades dentro de ellos mismos. El arqutiecto en general, no trabaja con nadie (al diseñador lo ningunea, al contructor tambien, al ingeniero calculista, computacionales, idem, a los cientistas sociales (historiador, sociologo, antropologo, psicologo, servicio social, etc.), a veces siente algun interés puntual, pero como le cuesta trabajar con gente y no hay formación comun que tienda puentes realeas para allá) no se mueve proactivamente, etc.
    2.- Poca capacidad de adaptación y creación de nuevos nichos. Diversas carreras se han re-inventado, el arquitecto no. No deja de ser contratante entre la alta creatividad proyectual y la escasa capacidad creativa para pensar la carrera “in situ”.
    3.- Poca presencia en las politicas publicas y privadas. La privatización de casi todas las iniciativas constructivas le deja muy poco margen de inserción, pues a nivel macro, las empresas constructoras tienen una bolsa de proyectos arqutiectónicos, por lo que no necesitan de arquitectos para “proyectar soluciones habitacionales”, sino para supervisar, gestionar y/o firmar proyectos. Este rol tampco es asumido con propiedad por el arquitecto.No han sido capaces de influir en las politicas sociales (privadas o publicas) para ampliar dicho rol.
    4.- Poca capacidad de dialogar con los usuarios y legitimarse socialmente. En general, el arquitecto sigue pensando que va a vivir de proyectos dados por mesenas con pleno financiamiento para hacer lo que quiera. Eventualmente tendra uno o dos cada año, pero no mas. La gente común recurre a los sistemas o redes de profesionales cuando tiene problemas concretos (si a alguien le duele la guatita, va al medico, si le duele una muela, va donde el dentista, si su hijo es hiperactivo, lo lleva al psicologo, etc.). En cambio, cuando quiere ampliar su casa, piensa en “el maestro” (a lo mejor, con el tiempo cuando quiera o necesite regualrizar algo, recurrira a algún arquitecto para “la firma”. Muchos arquitectos les cuesta posiocionarse en este nicho, dandole valor a su rol, y claramente lo ha perdido.
    5.- En este escenario, la brecha entre el ejercicio proyectual y la realidad dentro de la sociedad es aún grande, independiente del discurso artistico o pseudoartístico que tengan o no para auto-legitimarse (no me gusta sobre-caricaturizar esta imagen) aunque la comparto en la medida que en muchos sentidos, les limita su ejercicio relativo a los puntos anteriores.
    6.- En la mayoria de las disciplinas hay una fuerte discusión y proactividad respecto de como su saber disiplinario o interdisciplinario se da “en la sociedad”, y especialmente en las politica sociales. En la arquitectura, es poco, inconstante y sobre-idealizado.
    7.- No se trata tanto de criticar la necesaria sensibilidad estética que es parte de su acervo, pues todas las disicplinas tienen su objeto de estudio que idealizan formativamente dentro de la Academia, o lo que queda de ella (los biologos con el fenómeno de la vida, los psicologos con la psique, los medicos con la salud, el abogado con la justicia y la Ley, etc, etc…) sino de pensarla tambien “en relación a la sociedad”. Esta claro que extirpando, perdiendo o ahogando su sensibilidad arquitectónica tampoco van a ganar lo otro que les falta, mas bien van a perder o denigrar lo poco que tienen. Sino que ademas de cultivarlo, deben pensarlo dentro de la sociedad.

    1. Es así tal cual. El arquitecto está reducido a mero dibujante por la clase baja, a la que le firma el callamperío por honorarios miserables, a que la clase media le ponga encima el maestro chasquilla y a que la clase alta, representada por sus inversionistas, lo manden a ilustrar sus visiones de negocios, todos ellos, teniendo en común, el desprecio y el menoscabo profesional y económico hacia este pobre personaje.

      El arquitecto se aleja de su oficio, el construir; como dice Casals, al sobreponerse como genio creativo e innovador, por sobre aquel que construye, y deja de ser lo que siempre fue, el “primero de la obra” , en sus etimologías del “primer maestro de una obra” o de Archi teckto, “más que un constructor”. Y como no construye, pues se dedica al arte, pierde todo su peso social. De suerte que tiene la exclusividad de la firma de los planos, pero en cuanto otro profesional pueda hacerlo, desaparecerá inexorablemente.

      Mi propia escuela de arquitectura declara ingenuamente (y nótese la redacción) “El objetivo es formar a una persona con un método de trabajo para dar soluciones inéditas, con sólida formación ética y puede ver el mundo objetivamente. Posee formación tecnológica y en “Pensamiento Visual”. Tiene conocimientos en artes y ciencias humanas. Formado en trabajo de observación (croquis y fotografía), y dibujo y proyecto (computador). Conoce la realidad productiva del país, incluyendo materiales y sistemas constructivos. Tiene conocimiento crítico de ordenanzas y reglamentaciones.” Fuente;http://www.plataformaarquitectura.cl/2008/06/01/mapa-2008-de-las-escuelas-de-arquitectura-en-chile/

      Que se puede hacer con algo así? Tamos sonados!!!

      1. Creo que Claudio y Omar (Cañete, me imagino) opinan a partir de la experiencia de la escuela de arquitectura UV. Desde luego, y comparto la nota de Claudio respecto de la redacción del perfil de la escuela (¡¡¡¡¡¡ se supone que fue redactada por algún arquitecto!!!!!!), luego de esa descripción uno se puede dar cuenta que, al menos esta escuela, no tiene ni idea de lo que es hoy el oficio de arquitecto. He seguido de cerca, a través de mi hijo Francisco, que se está titulando de arquitecto en la UCV, lo que es esa escuela, y me sorprende que aún haya gente en nuestra escuela que reivindica como origen de ella una cierta influencia de la Católica-V, demostrando que sólo tienen una visión estereotipada de lo que alguna vez fue esa escuela (si es que alguna vez fue como ellos creen que fue. La verdad es que se ha vivido y se sigue viviendo de un mito (leer la introducción a la nueva malla curricular de nuestra escuela, en la que se falsea nuestra historia para hacernos aparecer como herederos de la UCV, lo que ha generado la ira de muchos ex alumnos, que se sentían orgullosos de nuestra propia identidad). Por supuesto, esta introducción fue escrita por quién más de alguna vez ha dicho “me tienen chato con la Universidad de Chile”, pero que cuando se encuentra con los profesores de la UCV se arrincona, apequenado, porque la verdadera relación que se tiene con la UCV es la del complejo de inferioridad. Los egresados de la UCV hoy tienen una relación con el oficio real mucho más estrecha que nuestros egresados. Ahora, saliéndonos del marco local, la verdad es estadística: Chile es el país que tiene más arquitectos por número de habitantes ¡en el mundo!. Sumemos a ello que estamos en el país más dogmáticamente neoliberal del planeta y que la dictadura condenó a los colegios profesionales a la muerte por inanición, al eliminar la colegiatura obligatoria, quitándoles toda capacidad de influencia sobre las políticas públicas, sobre el actuar profesional de los arquitectos y sobre la enseñanza de la arquitectura. Sumemos aún más que, en el declinar de la profesión por exceso de oferta, la carrera docente se transforma en una importante veta laboral, surgiendo generaciones de arquitectos que han debido elegir esa ruta por no contar con los contactos necesarios para el ejercicio libre o para conseguir un puesto en alguna oficina, y que, por lo tanto, enseñan desde la ignorancia del oficio, pues al mismo tiempo se forman como docentes al alero de otros docentes, que han hecho de la docencia su fuente única de ingresos, por las mismas o por otro tipo de razones y los resultados están a la vista: muchas veces pareciera que los estudiantes están siendo formados para ser profesores de taller y no para ser arquitectos. Ignorando la condición multidisciplinaria en que se desenvuelve el ejercicio profesional, se ningunea ignorantemente el papel que tienen otros oficios, cuando no se ignora simplemente por desconocimiento. Y así suma y sigue. Mi opinión al respecto es pesimista: el oficio de arquitecto, antaño de cierta categoría profesional y social, está degradado definitivamente en nuestro país, y repite el modelo de desigualdad propio de nuestra entera sociedad, es decir, una minoría ínfima tiene el acceso a los proyectos de élite y a honorarios dignos, mientras la mayoría subsiste en la inestabilidad o en la creatividad (inventando todo tipo de actividades lo más cercanas a la arquitectura que se pueda, pero que no son propiamente arquitectura), mientras otra minoría, refugiada del mundo en las aulas, aleja a los arquitectos cada vez más de la posibilidad de recuperar sus capacidades y con ello la posibilidad de recuperar el respeto de la sociedad.

  6. Cucho, en verdad gran parte de la experiencia es de la escuela de la U.V. y me permito ser crítico con ella, no porque la quiera destruir, sino al contrario, porque como alumno, en algún momento de mi larga estadía, sentí que valía la pena, que era una escuela abierta y de excelencia. Quizás es cruel elegir una respuesta tan paradigmáticamente malograda del quehacer de la U.V. pero creo que hay que ser honesto y recordar que este extracto, formó parte de una publicación a nivel nacional de la revista C.A. en el año en que el Colegio de Arquitectos planteó la temática del oficio en los tiempos actuales y que estuvo presente en una serie de coloquios, con gran decepción para mí. Sin embargo y tratando de ser imparcial, he visitado otras escuelas y visto que al menos en la experiencia de los talleres que yo viví, no tenía razón para empequeñecerme y que muy por el contrario, había recibido una formación muy sólida en el aspecto técnico “duro” y a la vez, muy sensible y personalizada frente a los temas del arte y la arquitectura.

    También visité algunas universidades privadas locales y vi con estupor la precariedad intelectual y de conocimientos de los colegas recién titulados. Cuando hacía un cursillo en la Chile, me encontré en el patio central a un grupo de estudiantes y profesores (estaba Leopoldo Prat) viendo el flamante proyecto expuesto como ganador del C.A.P., de nuestra querida escuela. No quiero ser mediocre diciendo que somos menos peores, pero mi experiencia no fue tan mala, reconociendo que lo que es la escuela para mí, un paria, puede ser ya sólo un recuerdo y que la escuela actual y real, quizás difiere de esa soñada y pluralista que todavía habito en mi imaginación y que me gusta, precisamente, porque no es la PUCV (con todo el respeto que ésta merece).

    El problema del oficio es profundo y estructural y creo que se genera como plantea Alexander, en la visión moderna del arquitecto, que antepone la creatividad al conocimiento y la historia y simplemente, se desliga de la realidad, con todas las gravísimas consecuencias que ello conlleva (bien diagnosticadas por Omar). Sin embargo, si lees con cuidado a la Cecilia Puga, al Director de la PUC o al de la Chile, entre otros que exponen en el artículo de Plataforma, claramente hay una intención de dar una base de conocimientos sobre la que desarrollar las habilidades artísticas y no al revés. Eso de tener por objetivo lo inédito per se, me merece sincera incredulidad (tanto del objetivo como de que las soluciones sean en verdad inéditas), aunque como ser prosaico alejado de las altas élites artísticas locales, puedo estar equivocado (y espero estarlo, o si no significaría que las cosas van para peor). Por lo pronto, mis humildes habilidades están enfocadas a subsistir en esta vorágine de sobrepoblación de arquitectos que se devoran unos a otros y no a luchar por la U.V., a la que di largos e importantes años de mi vida, sin finalmente, tener siquiera la oportunidad de presentar un currículum (debe reconocerse, que si hay algo que anda mal a todas las luces, es el oscuro proceso de incorporación al cuerpo docente, cuyo prerrequisito notoriamente no es el mérito ni la transparencia). Creo que esa responsabilidad, le corresponde a los jóvenes de ahora, ellos tienen el poder de cambiar las cosas.

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