Desarrollo Urbano en Viña del Mar

 Cuidad Jardin de Howrd

Viña del Mar, nace de la hacienda del mismo nombre como un suburbio de carácter habitacional ligado al Valparaíso industrial-portuario de mediados del siglo XIX, acuñando el concepto de “ciudad jardín” (de Ebenezer Howard). Este concepto implicaba aspectos esenciales que Viña del Mar sí cumplía en ese momento; en primer lugar, la ciudad debe ser proyectada como una residencia sana, con una industria saludable y a su servicio; en segundo lugar, se debe romper la disociación entre el campo y la ciudad, consiguiendo armonizarlas; y en tercer lugar, la ciudad debe situarse en terrenos cuyo valor evite pagar precios especulativos del suelo urbano.

Evidentemente, este modelo utópico fue superado por una ciudad que privilegió sus aptitudes de balneario y potenció el turismo, y que paulatinamente, fue creciendo e incorporando sectores industriales periféricos, que derivaron en una urbe más compleja. No obstante, ese concepto inicial de “ciudad jardín” permitió en la trama urbana en forma de damero, la superposición de las áreas verdes con las áreas de vivienda e industria (lo que fue promovido por su fundador José Francisco Vergara), generando un paisaje urbano en que se entremezclaban los edificios con los parques, logrando una imagen urbana característica, propia y más importante aún, una ciudad armónica y habitable.   Sin embargo, hoy por hoy, las herramientas de planificación territorial han sido incapaces de mantener y promover este modelo de ciudad que nos era tan propio. Pese a aciertos como la abertura y densificación del par Álvarez – Viana, o (quizás discutiblemente en su expresión) la continuación de la Av. San Martín en el Proyecto Puerto Pacífico, podemos encontrar una serie de intervenciones francamente atentatorias al pasado y al futuro de Viña del Mar. Por ejemplo, las nuevas torres al final de 15 norte que constituyen un claro ejemplo de hacinamiento y sobreexplotación del suelo y evidencian la falta de coordinación y planificación territorial. Casos similares se han presentado en Miraflores Alto, Agua Santa o en el actual proyecto en los terrenos de la Ex Crav, en que el modelo de desarrollo inmobiliario escogido es siempre el de la máxima constructibilidad y eficiencia de los edificios como modelos comerciales que brindan a corto plazo grandes utilidades. Esta sobredensificación destruye los barrios, homogeniza el paisaje urbano, genera hacinamiento, problemas viales, peor calidad de vida, derivando finalmente, en la desvalorización del suelo en el largo plazo.  

Tal vez uno de los mayores problemas de nuestra cultura es la sobrevaloración del modelo de mercado económico como pilar ordenador único de la sociedad y del territorio; las ciudades ya no son “proyectadas” como antaño, por arquitectos y urbanistas, con la intención de construir ciudades más bellas, o funcionales, sino que la ciudad misma se ha transformado en un campo de especulación de intereses económicos, en el cual el desarrollo inmobiliario se rige por los más brutales índices de rentabilidad, postergando los principios de urbanidad y equidad propios de un crecimiento sustentable. No es el punto frenar u oponerse al crecimiento inmobiliario, sino supeditarlo al equilibrio espacial y la equidad social como directrices que permitan un desarrollo realmente perdurable en el tiempo.

 

 

Claudio Vergara

Arquitecto

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