Algunas interrogantes sobre el “regalo” de Niemeyer a Valparaíso

Marzo 30, 2008 at 2:38 am | In del Autor | 3 Comments
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Mucho se ha debatido últimamente en torno al proyecto que Niemeyer está realizando para el cerro Cárcel de Valparaíso; criticando la falta de participación ciudadana, las políticas propagandísticas que se desprenden de su gestación y los potenciales beneficios económicos y turísticos, todos ellos puntos de vista válidos y certeros, pero algo distantes de la arquitectura. Sin el afán de concluir ni definir el tema, me permito al menos exponer algunos enfoques generales para extender el debate sobre esta polémica propuesta.

Proyecto de Niemeyer en Valpara�so

No todos los días se anuncia que un arquitecto de innegable trayectoria y fama mundial, realizará un proyecto en nuestra región y mucho menos en nuestro pobre y alicaído Puerto. En efecto, Oscar Niemeyer, reconocido por  crear una variante propia de una arquitectura moderna latinoamericana, es un  maestro consolidado, y frente a esto, pareciera difícil y hasta “poco decoroso” realizar un juicio crítico de su propuesta, más aún al asumir que somos un medio pequeño y pobre de arquitectura relevante. Sin embargo, desde la humilde posición de este arquitecto “de provincia” que escribe, es lícito plantear abiertamente ciertas incongruencias e interrogantes, que se desprenden del proyecto, traspasando los miramientos demagógicos y sin que ello implique una agresión en contra del maestro, sino simplemente el cuestionamiento de la implantación de su obra particular en nuestro contexto local.

El estadio cultural actual, que se genera de la crisis de la modernidad como estado de la cultura, conlleva a lo que algunos han llamado la postmodernidad, o al menos a otro estado de la misma modernidad, como diría Habermas. Sin el afán de entrar en esta discusión convengamos en que al menos esta crisis ha generado una manera distinta de percibir el mundo; una forma fragmentaria, diversa y de sistemas superpuestos. En este contexto es lícito cuestionar las formas que propone Niemeyer, que mantienen una estética y unas técnicas exquisitas propias de una arquitectura “heroica” (en un sentido moderno), pero que no están ni en el momento de su vigencia, ni corresponden al momento cultural contemporáneo. La concepción general del proyecto, en relación a su emplazamiento dentro de la ciudad de Valparaíso, demuestra la persistencia de una concepción urbana racionalista, ya absolutamente superada por la historia (recordemos, por ejemplo, el colapso de la infraestructura de Brasilia, al cuadriplicarse la población para la cual se había proyectado inicialmente, lo que generó un cinturón periférico de barrios bajos que elevó la población en millones).

Las obras de Niemeyer partieron desde convicciones políticas (ligadas al comunismo) y una marcada conciencia social que fueron formuladas a través de la práctica de su oficio como arquitecto, desde el cual consiguió una arquitectura moderna de carácter regional (con fuentes tan diversas como el barroco brasileño del siglo XVIII), expresando una nueva visión política que permitió la consolidación de su arquitectura en Brasil después de los años cincuenta.

No obstante, la génesis de esta nueva intervención en la ciudad de Valparaíso nada tiene que ver con los ideales del maestro, sino que se plasma como una propuesta puntual y específica de las autoridades de Gobierno que sigue la lógica del denominado “efecto Bilbao”, consistente en la recuperación urbana a través de una arquitectura que como imagen de marca adopta una posición clave en la economía globalizada, expresando consiguientemente el poder económico. Esto no implica que esté tratando de disminuir la propuesta de arquitectura de Niemeyer evidenciando la potencial inconsistencia de su discurso, por cuanto las obras de arquitectura no se ciñen a los discursos, son autónomas; sino que simplemente, me permito exponer que toda la legitimidad  “ética” originaria (y revolucionaria) de las formas de Niemeyer no tiene cabida en la actualidad y menos en Valparaíso, en la que su obra se nos está presentando mediáticamente, como un espectáculo – que esconde carencias más profundas como la inexistencia de políticas culturales serias y planificación urbana – en el cual la mera recuperación de las formas de los años sesenta simplemente puede ser concebida como el más reaccionario historicismo. Además, la forma mediática en que se ha presentado la propuesta, mostrando primeramente un esquema de proyecto emplazado en el cerro Cárcel similar al del Centro cultural en Avilès completamente distinto a la propuesta definitiva, ha sido particularmente desafortunada y deja entrever la excesiva autonomía de su obra con respecto a la cultura en que se emplaza.

Centro Cultural en Aviles

Primera Propuesta de Niemeyer en Valpara�so

Pese a la fuerte crítica planteada a su producción urbana, Niemeyer trascendió en la historia de la arquitectura, por su capacidad de conformar espacios cívicos monumentales y su libre manejo de claves de la arquitectura moderna como la adecuada jerarquía del paisaje urbano y la armonía de sus edificios institucionales, como el Congreso con sus dos fuentes de hormigón, el Palacio Presidencial y la Catedral de Brasilia, que logran la absoluta concordancia y complementación con el trazado de macrocuadras y la escala urbana de esa ciudad. Pero la realidad urbana de Valparaíso dista bastante de la de Brasilia e incluso comparte más similitudes con las favelas (en clara contraposición a la planificación racionalista), principalmente desde una perspectiva morfológica y social. En este punto es que la propuesta exhibe su mayor debilidad, al proponer a escala monumental (para Valparaíso) la forma clásica –el imago dei- de la experiencia monástica de la permanencia.

Valparaíso, particularmente en sus cerros, es una ciudad compleja, irregular, que aparece ante el peatón en pequeños lugares (plazas y descansos), circuitos de recorridos, momentos de asomo de miradores, superposición de la trama peatonal con los insterticios de viviendas, etc., donde tal vez, la monumentalidad se entienda más desde una ontología débil (en los términos que plantea Vattimo y otros teóricos italianos) o en una experiencia de habitar capaz de constituirse en un recuerdo (monitu) o “…en la poesía después de haberla leído, la música después de haberla escuchado, el recuerdo de la arquitectura después de haberla visto…”, como expresa Ignasi de Solá Morales.

Recordemos que la denominación UNESCO de ciudad patrimonial ha sido otorgada a Valparaíso por su “paisaje cultural”, lo que implica que más allá de las formas puramente tectónicas debe existir una cultura espacial propia, en la que se relacionan la realidad construida con sus habitantes. Es en este punto en el que debiera esperarse que un proyecto urbano de la magnitud del Centro Cultural en Cerro Cárcel traspase las barreras de la obviedad y devele, preserve y potencie esta cultura, a través de una expresión arquitectónica propia que se proyecte a la globalidad desde una perspectiva regional.

Claudio Vergara
Arquitecto

3 comentarios »

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  1. Pensando en que se ha desarrollado una dependencia al eje axial costero, es maravilloso tener una obra que nos invite a volver a los cerros. Ese diseño curvilineo es una invitación a crear un paisaje arquitectónico nuevo que se funde con nuestra loca geografía, escapando de las arquitecturas pasadas, que si bien son eclécticas, de todas formas están más familiarizadas con Europa.

  2. viendo la maqueta y la seccion del proyecto no cabe duda de que estamos ante otro ejercicio de formalismo niemeyeriano , tal y como tambien se puede apreciar en el proyecto de Avilés ,España.
    Se trata de una arquitectura despotica y pseudo-iluminista coincidente con la vision post-estalinista de este buen señor. algunas de sus obras son magnificas , pero ultimamente se dedica a elaborar proyectos parachutables a culquier territorio sin tener en cuenta ni la ubicacion ni las necesidades reales de las poblaciones en que se han de asentar. En Aviles (Asturias) realmente los gestores culturales del principado no saben que hacer con el futuro edificio ni que contenido asignarle , pues sobrecarga la oferta de edificios institucionales de la region .
    Conoci Valparaiso en los 90″ y aun recuerdo las conversaciones que tuve con algun amigo y entonces cargo de la quinta region en mi casa de Madrid intentando convencerle para que el museo de la solidaridad Salvador Allende se ubicara en el cerro carcel reutilizando el edificio con modificaciones puntuales , frente al supongo ya olvidado museo de Santiago con proyecto de Navarro-Baldeweg. ( las palabras se las lleva el viento y mas la de un madrileño enamorado del puerto ) sigo pensando que este museo seria un gran catalizador cultural si se le añade una buena biblioteca-mediateca abierta a los cerros tal y como estan haciendo en Medellin , cara a la generacion de un tejido social entre los pobladores de los cerros y los visitantes del museo.

  3. Muy clarificador para los no-arquitectos!

    saludos,

    LR


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